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by Miryam Muñoz Guitart, Cristina Rodríguez Álvarez / enero 9, 2023

Lucía Pérez Forriol

Psicóloga general sanitaria. Se dedica a la práctica clínica en consulta privada. También, a realizar formación relacionada con la psicología. Gestiona redes, especialmente Instagram en su cuenta @cuentaseloalucia, que tiene el objetivo de visibilizar y normalizar temas relacionados con la salud mental. Psicóloga por vocación. Trabaja bajo el lema: “Psicología…

Psicóloga general sanitaria. Se dedica a la práctica clínica en consulta privada. También, a realizar formación relacionada con la psicología. Gestiona redes, especialmente Instagram en su cuenta @cuentaseloalucia, que tiene el objetivo de visibilizar y normalizar temas relacionados con la salud mental. Psicóloga por vocación. Trabaja bajo el lema: “Psicología con amor y con humor”.

  1. ¿Cómo conociste el término PAS?

Es un término que, en su momento, buscando, me di cuenta de que nació en los años 90, pero en la práctica, sí que se ha usado desde hace relativamente poco (por lo menos, de manera más completa). El tema de la hipersensibilidad sí que es algo que se ha usado más para niños TEA respecto al tema de la dilatación sensorial, frío-calor, las texturas, los sonidos… es decir, todo lo que gira alrededor del autismo. Pero el PAS, de una manera más amplia, englobando la parte emocional, se ha empezado a usar desde hace poquito. Me ha la sensación de que la gente ha descubierto ese “diagnóstico” por decirlo de alguna manera, donde hay gente que piensa: ¡Ostras, si soy yo! ¡alguien que me conoce ha escrito sobre mí!

Diría que hace unos 6-7 años empecé a informarme más sobre el término ya que son términos que no aparecen en los manuales clínicos, pero que en la práctica clínica sí que se utilizan. Estos términos hay que cogerlos con pinzas, pues no responden a ninguna patología en cuestión, pero sí a un rasgo de la personalidad. Es importante estar bien informados, pues al no estar, en este caso, en el DSM-V, son términos que pueden estar influenciados por la opinión social. En Internet puedes encontrar muchas cosas y encontrar cosas que en realidad no responden realmente a lo que es ser PAS.

Por tanto, recabé en su momento información para saber bien lo que es y lo que no es.

  • ¿Esto fue por algo en concreto?

Sí, porque trabajo en consulta con adultos, sobre todo adultos que normalmente vienen con un cuadro ansioso o depresivo, o las dos cosas, un cuadro ansioso-depresivo. Hay muchas personas que, aunque están pasando por un estado de ansiedad más puntual, hay otras que no. Hay una pregunta estrella que hago siempre en las primeras sesiones que es: ¿Desde cuándo te sientes así? ¿Desde cuándo tienes ansiedad? ¿Desde cuándo estás triste? ¿Desde cuándo te pasa esto? Y hay muchos que dicen: “Pues en verdad creo que he estado así toda la vida. No tanto como ahora, pero siempre he tenido esta tendencia”. Y pensé, no está así por un problema concreto, sino porque tiene una forma de funcionar diferente al resto. Era algo más endógeno que una respuesta a un foco concreto. Un malestar que no es tanto una respuesta, sino un funcionamiento de base que ya es así.

  • ¿Qué tipo de apegos hay y si vivir uno u otro afectan de una manera más exacerbada a una Persona Altamente Sensible? ¿El ser PAS hace que uno genere más apegos?

La personalidad ni se hace ni se nace. Hay una parte con la que nacemos así, que es la parte más temperamental, genética y esto en los bebés se ve muy bien, porque no tienen elaborada esa parte del carácter, la parte del ambiente. La parte más temperamental/genética, la podemos ver en bebés que son mucho más demandantes o tienen más irritabilidad o, todo lo contrario, niños que son mucho más tranquilos, que necesitan menos contacto físico… Y esto que el carácter, desde el inicio, también se empieza a forjar, porque cualquier experiencia nos va configurando. Pero, en sí mismo, hay una parte del temperamento, que es una lotería. Cada uno es como es respecto a esa parte de la personalidad. Hay una parte de ese rasgo de la persona altamente sensible que es así, que está en tus genes, pero hay otra parte que se hace y aquí entra en juego el apego, que es la forma que aprende el niño de relacionarse con sus figuras de referencia, normalmente, primero con sus padres y luego lo vamos dilatando a otras personas de referencia: profesores, tíos, hermanos… las personas que tenemos alrededor.

Existen dos tipos de apego: apego seguro e inseguro, pero dentro del inseguro tenemos dos tipos: el apego ansioso y el apego evitativo. Hay un tercero, que es una mezcla de los dos anteriores, el apego ambivalente.

Los apegos ansiosos, son personas que tienden a vivir en alerta: con muchos temores, anticipando las situaciones. Son personas que tienden al “Y si…”. ¿Y si pasa esto? ¿Y si lo otro? ¿Y si no soy capaz…? Son personas que viven con un nivel de ansiedad mayor al del resto de la población, porque ven peligros donde quizás los haya o no los haya. O los hay, pero ven leones donde hay gatitos. Estas personas viven muchas veces con temor a ser abandonados, con temor al fracaso, con temor a no estar a la altura, a veces con la necesidad constante de demostrar lo que valen porque de base no tienen esa creencia asentada… No es “yo valgo” y a partir de aquí empiezo a funcionar, sino que, hablando en el extremo, cada día mi contador está a “0” y acabo el día sintiendo que soy suficiente. Y esto es agotador. Son personas que a veces llegan a ser invasivas por esa necesidad de demostrar, de sentirse queridas, de sentirse importantes… Pueden, en algunas ocasiones, tender a cruzar determinadas líneas en las relaciones personales preguntando mucho: Oye, ¿me quieres? ¿estamos bien? ¿te pasa algo conmigo? Y muy dependientes de los resultados.

Por otro lado, está el apego evitativo. Pueden tener exactamente los mismos temores o necesidades, pues todos tenemos la necesidad de sentirnos queridos, importantes, validados, de tener un sentido de pertenencia… pero la reacción es todo lo contrario. Reacciono evitando exponerme: no asumo retos, no me vinculo a las personas de mi alrededor, evito generar relaciones de intimidad, tiendo a manejar mis estados emocionales desde la evitación y desde el hermetismo… y claro, son bombas de relojería. En psicología hablamos de los “niños complacientes”. A veces son estos niños evitadores. Estos niños funcionan muy bien durante mucho tiempo y no llaman la atención (los ansiosos son más “campanas”, tendemos a mirarlos más porque generan más problemas o más ruido), pero estos son los que en la vida adulta explotan, porque tienen mucho dentro. Han aprendido a vivir siempre complaciendo o callando. Son personas que han aprendido a vivir sin generar problemas, pasando por tragar mucho, por no voy a ser yo quien genere un comportamiento disruptivo, quien de mi opinión, quien haga las cosas más difíciles, quién se enfrente a esta situación… son personas que siempre están amainando la situación. Y esto tiene un fin. No podemos estar eternamente siendo piezas facilitadoras, o que tragan todo lo que les pasa. Lo natural es que a veces, no estemos de acuerdo, o que no estemos bien y no pasa absolutamente nada, o no ser siempre lo que se espera de nosotros. Estos niños complacientes que, a veces son grandes evitadores, se convierten en adultos que pueden llegar a un límite. En la vida adulta se puede compaginar con explosiones, a veces de ansiedad, fruto de haber acumulado todo esto durante todo este tiempo y esa falta de comunicación.

Los apegos ambivalentes son los que se han generado en ambientes muy poco consistentes. Son esas casas en las que abres una puerta y no sabes si vas a encontrarte una guerra o un paraíso. Esto genera un apego ambivalente porque, la misma persona que es la que me da una caricia es la que me da una colleja (simbólicamente hablando). Esto genera estados ansiosos en unas ocasiones y evitativos en otras, por lo que nos encontramos a adultos con conductas muy incongruentes, inconsistentes, cambiantes. Son adultos que les pillas en un momento de su vida y parece todo lo tienen bajo control y un mes después todo es caos y resulta que está fatal. El apego ambivalente está más relacionado con trastornos de personalidad y a problemas más profundos. Es el más nocivo.

  • El apego es algo del carácter, algo aprendido y ¿podría provocar un trastorno?

Evidentemente. De hecho, dependiendo de la corriente, se puede hablar de trastorno del apego. Es difícil medir cuánto es temperamental y cuánto es aprendido, pero podemos hablar de trastorno del apego porque ha habido heridas muy profundas relacionadas con el apego en las experiencias que ha tenido esa persona. Pongamos un ejemplo: imaginaos que tenemos un trastorno límite de la personalidad. Es uno de los trastornos de personalidad más potentes (también es un cajón de sastre y por eso son tan complicados). Son personas muy cambiantes, a veces tienen conductas autolesivas, dicen muchas mentiras, es difícil generar relaciones de intimidad y compromiso, tienen unos altibajos emocionales muy grandes, viven, muchas veces, desde la victimización… son perfiles muy difíciles. En la mayoría de las veces, es evidente que tienen un trastorno de apego. Que también puede haber una carga genética ¡por supuesto! Hay veces que miras la línea generacional y ves que es un trastorno límite que se ha perpetuado a lo largo del tiempo, pero ¿cuánto es aprendido y cuánto viene de base? Es difícil de medir. Seguro que hay de las dos cosas. Pero, por supuesto, las heridas de personalidad pueden generar trastornos de personalidad muy patológicos.

  • ¿En todo hay una baja autoestima o no estaría relacionado?

Tanto la autoestima y el autoconcepto son importantes, pero pienso que muchas veces se tiene a sobrevalorar la autoestima, porque, al fin y al cabo, la autoestima es la emoción que yo siento hacia mí misma.

Primero, el autoconcepto es cómo me veo, qué pienso de mí y la autoestima, es cómo valoro lo que pienso de mí. Por ejemplo, soy un caos y puedo valorarlo fatal, porque creo que soy un desastre. O no, como algo positivo, porque soy una persona como “un profesor chiflado”, muy inteligente, con mucha capacidad y ese caos forma parte de mi inteligencia.

Una cosa es el autoconcepto y otra la autoestima. La autoestima es importante, pero también hay muchas veces que nos encontramos con personas con heridas muy profundas y tienen, aparentemente, una buena autoestima. Por ejemplo, las personas narcisistas. Son personas que, aparentemente, están encantadas de conocerse y que tienen sentimientos de mucha valía y mucho ego, pero luego son personas muy heridas. La autoestima es importante, pero no es definitoria. A veces hay buena autoestima, pero también herida de por medio.

  • ¿Cuándo se dan este tipo de patologías, fruto de un apego ambivalente, generalmente es porque ya hay patología de por medio, es decir, padres que ya patológicamente tienen algo y manifiestan ese tipo de apego o no?

Hay casos de todo. Pero se da que muchas veces sí que hay una carga genética. Aquí, por ejemplo, es importante el efecto de la medicación. Esto pasa con todo. Das una medicación concreta y cuanto más fisiológico sea su trastorno, mejor va a responder. Cuanto más aprendido, emocional, psicológico, menos va a responder.

De todos modos, el apego es importantísimo. Por eso, los primeros tres años de la vida de un niño son claves. No hay que obsesionarse, porque estamos en constante cambio, pero lo importante es que, aunque no tengamos un apego de libro, el porcentaje está alrededor del 70% con un apego seguro y una tendencia a uno de estos apegos inseguros. Por tanto, no estamos tan mal. Sabiendo que tenemos una base segura, ¿Qué tendencia tenemos? A evitar el conflicto o a confrontar, a tener muchos miedos o a evitar, a comunicarnos mucho o poco, a ser dependientes o autosuficientes… Aquí es donde empezamos el autoconocimiento. El apego responde muchísimo a cómo a somos: vemos cómo nos comunicamos, generamos vínculos de intimidad, nos enfrentamos a los conflictos, asumimos retos, conectamos con nuestros miedos…

  • ¿Habría alguna pauta para educar en un apego seguro?

Es un tema infinito, pero el apego seguro se fundamenta en dos conceptos: límites y cariño. Para generar un apego seguro, que se puede aplicar a los niños y a los adultos, tenemos que dar, por un lado, cariño en cuanto a: comunicación, intimidad, validación, ternura, lenguaje corporal… Necesitamos calor: sentirnos seguros, queridos, que tenemos un lugar, valorados, escuchados, que pertenecemos… Toda esta parte de cariño, la ternura, el amor es necesaria. Y, por otro lado, la otra cara, que a veces olvidamos, poner límites. Ahora que hemos pasado desde la educación autoritaria a la educación en positivo, nos quedamos con la primera parte y creamos niños inseguros, o blandos, poco preparados o carentes. Al cariño hay que añadir los límites. Límites como las normas o las líneas rojas que no se deben cruzar. Por ejemplo: en esta casa no nos insultamos, es importante que tengas un orden, te duches, hagas tu cama, que aprendas poco a poco a compartir o decir la verdad, saber que los actos tienen consecuencias… Si conjugamos la ternura, el cariño y la validación con los límites, creamos niños con perfiles mucho más seguros.

Para entender los límites, me gusta mucho el símil de jugar a los bolos. Si vas a jugar a los bolos por primera vez y no pones barreras, por mucho que lo hagas con buena intención, la pelota se va a ir. Las barreras dan seguridad. La seguridad de que, si alguna vez yo me voy, va a haber un límite que me va a parar. Y esto se puede aplicar a la infancia y a la vida adulta. En una pareja hacen falta la dedicación, el tiempo, el cariño y la ternura, pero también los límites de decir: oye, trabajo y no voy a mirar el móvil en 6 horas, no pasa nada, yo te quiero igual. O, tengo una cena con mis amigos y no te quiero menos. O discutimos, pero no nos insultamos. Hacen falta el cariño y los límites.

Relacionado con los PAS, que era nuestra pregunta principal, van a tender, normalmente, a un apego ansioso, sin duda. Es un ejemplo muy tonto, pero yo a los PAS los represento mucho con un súper héroe, con Spiderman. Cuando se transforma, para que tú entiendas en qué se convierte, empieza a escuchar lo que sucede tres casas más para allá, empieza a tener una capacidad sensorial muy fuerte, se empieza a mover de una manera muy sigilosa hilando muy filo en las distintas situaciones… Esto son los PAS. Tienen una hiperpercepción y una hipervigilancia de las experiencias que tienen a su alrededor. Normalmente están ligadas a un apego ansioso.

  • Hay estudios que indican que tener un buen ambiente familiar propician el buen desarrollo de una persona (PAS especialmente). Sin embargo, hay otros estudios que sugieren que ambientes hostiles dotan de herramientas para el futuro desarrollo. ¿Qué opinas de esto?

El ambiente familiar es clave. Trabajando con adultos, te remontas muchas veces a la infancia. Muchas veces surgen comentarios como: “es que, a mí, no me trataban igual que a mis hermanos” o, “a ella le daban un trato diferencial”. Y menos mal. Nos quieren por igual y somos iguales en dignidad, pero cada persona necesita ser tratada de una forma concreta. Esto es un reto que tiene el sistema educativo, teniendo una base concreta, que se fundamente en una base concreta del funcionamiento general del cerebro del niño, pero entendiendo que cada niño es genuino y tiene sus peculiaridades. La clave es entender que tenemos que adaptarnos al niño. No es el niño el que se tiene que adaptar el adulto, es el adulto el que se tiene que adaptar al niño y después, el niño se adaptará al adulto. El niño necesita un ambiente que comprenda su funcionamiento y sus necesidades. Por ejemplo, imaginaos un niño que no puede comer aguacate y cebolla hasta que sea mayor, ¡no lo come hasta que sea mayor! Esto pasa mucho con los PAS y las texturas. Y muchas veces nos encontramos obligando a los niños: “si no te lo comes, para merendar y si no, para cenar”. Ya comerá cebolla y aguacate cuando sea mayor. No lo tolera, no es que sea un mimado. Si es un niño que no es capaz, por ejemplo, de madrugar o despertarse cuando está cansado, no le obligues a vestirse nada más levantarse. Necesitará media hora de estar como una sepia en el sofá y luego se vestirá. O si es un niño que no es capaz de recibir una riña sin desregularse mucho por tu forma de reñir o explicarle las cosas, hay que ver de qué forma se lo decimos. Tenemos que adaptarnos a sus propias necesidades. Si no, le estamos exigiendo cosas que no nos puede dar: exigimos que comparta cuando no está preparado, que no llore cuando no está preparado para no llorar, exigimos que no viva unas realidades que para mí son una tontería y él las vive como un drama porque no está preparado… Así, le estamos poniendo las expectativas por encima de lo que nos puede dar, se frustrará y ahí estamos fastidiados. Hay que bajarnos a él, ponerle objetivos realistas y entender su funcionamiento para que, a partir de ahí, vaya evolucionando. Por supuesto, el ambiente familiar bueno es clave.

  • Siempre vamos a dar mejores recursos si el ambiente es bueno, ¿no es así? Es verdad que una Persona Altamente Sensible (y cualquiera) puede aprender de un ambiente nocivo (por ejemplo, si hay trastorno mental) y tengo que salir adelante como sea. Pero, aunque consigas los recursos, no los consigues del mismo modo, ¿no?

Por supuesto y, sobre todo, un ambiente informado. A veces el positivismo, se relaciona con ausencia de conflictos y no. Un niño con tendencia PAS, que llaman muchas veces “intensitos” hay que tener en cuenta el ambiente. A veces hay más hermanos, la convivencia es difícil… Un ambiente positivo no es un ambiente donde todo va bien siempre, es un ambiente informado. La información es poder y la educación no es sentido común (y más cuando hay necesidades especiales). Un ambiente positivo es aquel en el que hay unión, jerarquía familiar bien estructurada, un apego seguro y unas referencias sólidas que están ahí y trabajan como un equipo, porque esto, por ciencia infusa esto no se aprende si no te enseña alguien.

  • ¿Qué nos puedes decir de las heridas afectivas? ¿Qué son? ¿Cómo se pueden trabajar? ¿Una PAS es más propensa a tener heridas afectivas?

Las heridas afectivas las tenemos todos. Son la huella que nos dejan los eventos que consciente o inconscientemente nos hacen sufrir. Nos dejen heridas no significa que nos dejen fastidiados y rotos para toda la vida, significa que nos dejan la cicatriz. Hay acontecimientos que son muy evidentes, como pérdidas, enfermedades, situaciones difíciles… Por ejemplo, yo me he pasado la vida viajando porque mi padre tenía un trabajo que le iban cambiando y en 7 años he vivido en 4 ciudades. ¡Cuánta pérdida, cuánto desarraigo!… Pero hay otro tipo de acontecimientos que generan heridas también y tienen que ver más con lo relacional. Por ejemplo, he vivido en un ambiente en el que siento que se me ha exigido mucho. Esto es relativo, porque hay personas a las que esto no les afecta demasiado, pero si yo tengo una tendencia rígida, esto me puede generar una herida muy grande. La herida de: “nunca es suficiente”, “no estoy a la altura”. “Tengo que llegar al 10 en todos los aspectos para ser valiosa”. Sin yo saberlo, esta exigencia en mi ambiente me ha podido generar una herida porque yo no he sabido integrarlo bien. La herida no siempre habla de que mis padres u otras personas no lo han hecho bien conmigo. Los padres lo hacen como buenamente pueden y a veces, estas heridas, son dinámicas que se dan y me afectan. No es culpa de nadie. Hay dinámicas que a unos les afectan y a otros no. Por ejemplo: a lo mejor en mi familia son todos súper artistas y yo soy una “cabeza cuadrada” que me gustan las matemáticas o estudié derecho. Esto me puede generar una herida de “yo no formo parte de esto”, pero no es culpa de nadie, son dinámicas o situaciones muy sutiles que se dan y que a mí me hieren. Nos puede herir que siempre no haya estado a la altura, que siempre haya tenido que ser perfecta para que se me escuche, no haber destacado en nada, haber sido un niño problema porque he sido muy pesado o muy rebelde y me siento la “oveja negra” o que todo es culpa mía… Hay mil situaciones. Pero, al fin y al cabo, las heridas afectivas son esa marca que nos han dejado las situaciones. ¡Todos tenemos heridas y cicatrices! Y si pensamos que no tenemos es porque no las conocemos. Y no significa que estemos locos, para nada. Simplemente son marcas que nos van dejando las experiencias.

Para trabajarlas, primero hay que conocerlas. Si uno hace un proceso de introspección, podemos conocer muchas cosas de nosotros mismos. Una buena puerta de entrada son los miedos. Por ejemplo: me da miedo la muerte, o el fracaso, no ser suficiente, que me rechacen, engordar, no saber hacer mi trabajo, lo que mi jefe piense de mí… lo que sea. Todos tenemos miedos más o menos profundos. No siempre, pero muchas veces, estos miedos, están de una forma u otra relacionados con mis heridas. Esta es una buena de empezar.

Otra forma de conocer nuestras heridas es ver cómo sobrerreacciono ante las cosas. ¿Qué me hace sobrerreaccionar? A veces sentimos que, por cosas pequeñas, tenemos sobrerreacciones. Por ejemplo: reacciono fatal cuando mis amigos hacen una cena y a mí no me avisan. Por supuesto, ha sido una falta de consideración, pero me cojo unos disgustos… Noto que me afecta demasiado. Es otra buena puerta de entrada. A veces, simplemente, reflexionando, haciendo un ejercicio de introspección, hablando con las personas de mi alrededor, leyendo, o…, simplemente, observa a tu familia, lo que crees que te ha podido afectar, cómo son, cómo eres tú, qué valores hay, en qué te pareces, en qué no te pareces, en qué eres igual, qué te hace diferente… Esto es un gran ejercicio de autoconocimiento. Aunque la terapia es muy buena, uno puede empezar por cuenta ajena.

  • Una vez que has identificado que tienes una sobrerreacción ¿qué haces?

Una vez lo he identificado, yo entiendo que no es culpa de los demás. El otro ha podido ser desconsiderado, pero la responsabilidad es mía de decir, “oye, me ha molestado que no me hayas avisado” (lo puedes decir) o, “la próxima vez, me gustaría que me lo dijeras” … pero parte de la responsabilidad es mía. Yo me estoy sintiendo abandonado cuando realmente no es un abandono, ¡es un despiste! (por ejemplo). Además, yo sé que me quieren, que formo parte de ese grupo, que soy una más y me han demostrado 300.000 veces que soy una persona querida. Es importante racionalizar. Aunque siga teniendo esa sensación, alejarme un poco de ella. Externalizarla y decir: esto no es real, sino que es este fantasma que yo tengo fruto de otras experiencias en las que, quizás, me haya sentido realmente sola. Ese racionalizar nos hace a nosotros responsables, a dejar de cargar a los otros de nuestras propias heridas y, además, nos hace tomar conciencia de que aquello que anhelamos, a veces, ya lo tenemos. Quizás en su momento, me sentía rara, pero yo ya soy una persona querida, a la que se tiene en cuenta…

  • Es curioso, pero me llama la atención de la mente que cuando hay algo que ya tengo y me dedico a buscar la manera de confirmar que no lo tengo o el miedo a perderlo. Es como una cosa contradictoria.

Si, efectivamente y puede ser porque en algún momento de la vida no lo tuve y, porque, aunque ahora lo tenga, hay estados de alerta que se prolongan. He estado tanto tiempo con una carencia que es muy difícil creerse que ahora lo tengo. Es algo muy identitario.

En el caso de que ya sienta que tengo seres queridos, vivo con el temor de que me dejen de querer, ya que siento que no lo he tenido siempre. Necesito mi tiempo para que mi cerebro vea que ya estoy en un sitio seguro, no como antes. Y, después, es clave, dejar de permitir que esos fantasmas, miedos o heridas sean los que toman decisiones e influyan en mi forma de actuar. Por ejemplo, si yo tengo miedo a la soledad, lo que hago es evitar constantemente estar solo. Sin yo darme cuenta, a la mínima que estoy solo, quedo con alguien o me pongo a ver una serie. Tenemos conductas de evitación. Por tanto, tengo que tener en cuenta esas conductas de evitación y enfrentarme a ellas. Voy a aprender sin una serie. En mi casa. En silencio. Poniendo el lavavajillas… Si aunque me cueste sentirlo, sé que soy querida y querible (muy importante esto último), enfrentaré mejor esos momentos de soledad.

Hay veces que, en vez de conductas de evitación, tenemos conductas de compulsión: no tenemos ningún plan, o pregunto: “oye, ¿estamos bien?” “¿me quieres?” “¿Estás contento conmigo?”. Esa compulsión de saber que todo está en su lugar. En el trabajo: “¿Estoy cumpliendo los objetivos?” Con el dinero: Entro mil veces a mirar la cuenta bancaria a ver cuánto dinero tengo, a ver si no bajo de esta cifra… O estoy contantemente confrontando, teniendo discusiones para reafirmar mi opinión…

Puede haber conductas muy compulsivas y también muy evitativas. Se trata de detectarlas para trabajarlas. Si ya no responsabilizo a otros, empiezo a racionalizar, empiezo a trabajar mis conductas compulsivas y evitativas… al final, esas heridas se van haciendo más pequeñas.

  • Esto consistiría en ponerse límites a uno mismo, ¿no?

Sí. Y te sorprenderías… al final existen muchas conductas compulsivas, de cualquier tipo… con el dinero (forma de tener seguridad), con el peso (en trastornos de conducta alimenticia) …

  • Entendemos, por tanto, que las Personas Altamente Sensibles son más propensas a tener heridas afectivas, ¿no es así?

Sí, no sólo es que sean más propensas, sino que, son más propensas a sentirse heridas. Al final la irascibilidad es un rasgo estrella de las personas altamente sensibles. Por eso, a veces, es tan difícil moverse en las relaciones personales con estos rasgos, porque necesito mucho la relación personal, necesito mucha intimidad, mucho cariño… y, a la vez, me siento fácilmente dañada y las relaciones personales me dañan y se generan conflictos. Lo mismo que necesito es lo mismo que me genera dolor. Por eso, a veces, son personas que o me acerco mucho o me alejo mucho.

Por otro lado, son personas más fácilmente “heribles” y una vez heridas, viven sus heridas de una forma mucho más dilatada. Lo viven todo (lo agradable y lo desagradable) elevado a la máxima potencia. Es todo tan intenso… que es agotador. Por eso hay que aprender a manejarlo (“Tengo 35 años y parece que tengo 70”).

  • Y esto cada vez va a peor… Si no tienes esas herramientas, para una Persona Altamente Sensible, esto se vuelve más complicado.

Se vuelve, por una parte, más complicado, porque están más cansados y tienen más heridas a sus espaldas, pero, por otra parte, también se conocen mucho más. La experiencia te va dando respuestas. De hecho, recuerdo muchas personas con este mensaje de: “esto, hace un tiempo, lo habría llevado muy mal”. Por ejemplo, el día del cumpleaños. Es un día muy significativo. Por un lado, es un día muy tenso y, por otro, siempre esperan mucho más de lo que hay. Esperan sentirse más atendidos, especiales o con sorpresas que luego nunca llegan. Y si no las generan, es porque se trasladan a la habitación y “no espero nada de nadie”. Y al final, esperar mucho y que no te den o no esperar nada de nadie, provoca situaciones que son amargas. Al final, tras muchas experiencias así, acabo pensando: “los demás no me van a dar todo lo que necesito, porque creo que soy un pozo sin fondo, pero tampoco voy a vivir sin esperar nada de nadie, con esa desidia y resignación, me ayuda a ir aprendiendo, a ajustar expectativas, a esperar menos, a ver que cada uno me va a dar lo que buenamente pueda” … Sí creo que la propia experiencia te va enseñando. “Esto hace un tiempo me habría dolido mucho, pero yo ya he aprendido a lidiar con estas cosas”.

Todo ser humano, pero especialmente las PAS, en el fondo, sufren muchísimo cuando las otras personas no piensan, no sienten o no actúan como ellos desean. Al final es el de todos, pero de ellos en especial. Este es el resumen de sus conflictos personales.

  • En tus publicaciones, hablas mucho de las relaciones de pareja: el respeto, el cariño, la fidelidad… ¿Crees que esto es, en cierta medida, diferente para los PAS? ¿Crees que su condición PAS puede dificultar las relaciones, sentirse menos comprendidas, ser más enamoradizas…?

Está muy bien enfocada la pregunta hacia la pareja, tanto si eres tú la persona con tendencia a la alta sensibilidad como si la otra persona es Altamente Sensible.

Si soy yo la que tengo esa tendencia a la sensibilidad, saber que el otro no va a ser exactamente lo que yo espero, necesito, lo que a mí me gustaría. Pero esto no quiere decir que me tenga que hacer una infeliz. Aprender a ajustar estas expectativas y aprender a ponerme límites. Que haya aceptación (que no resignación) y saber que me quiere mucho, muchísimo, pero que me quiere a su manera. Él es como es. Aprender a funcionar de otra manera e incluso aprender del otro cosas que a mí me pueden venir bien.

Cuando dos personas empiezan una relación y uno de los dos o los dos cambian, tendemos a juzgar: “Desde que está con Fulanito ha cambiado”. ¡Pues qué bien! Significa que se están influenciando (obviamente, con límites y teniendo cuidado con las relaciones tóxicas). Es bueno que en pareja nos influyamos el uno al otro. Porque significa que no estamos instalados rígidamente en nuestra manera de funcionar. Yo tengo hacia el otro una manera de curiosidad y de aprendizaje. Por ejemplo: Yo nunca había estado tan pendiente de mis padres, pero veo que mi pareja es muy de cuidarles y a mí me incita a cuidarles. O, nunca he sido tanto de hacer estos deportes, pero él los hace y me invita a hacerlos. ¡Pues qué bien!

En pareja está muy bien tener esa mirada de curiosidad. Que como PAS pueda tener una menta abierta pues, por mi hipersensibilidad, va a ser muy fácil sentir que el otro no es suficiente o no me da suficiente. Voy a contar con ello (no significa que no me quiera, sino que me quiere a su manera) y, además, voy a ver qué puedo aprender de ella.

Por otro lado, respetar que yo soy como soy: “No, a mí no me puedes pedir cosas”, “No me puedes pedir que cuando discutamos no tenga mis horas para recuperarme, pues si me desrregulo, necesito más tiempo para recuperarme”. Tengo que ser comprensiva con el otro y sé lo que no le puedo pedir, pero también tengo que ser comprensiva conmigo misma y saber lo que no me puedo pedir a mí misma.

Cuando es al revés, si eres tú la que tienes una pareja altamente sensible, tienes que ver qué le puedes pedir y qué no y qué tiempos necesita y que quizás necesite un poco más de tiempo y cariño que otra persona.

  • Pero… lo ideal sería que esto lo hiciera una persona externa, un especialista que ve la situación y puede explicar a uno y a otro la situación. ¿No es así?

Eso facilita mucho las cosas, sobre todo, porque nadie es profeta en su tierra y cada uno tiende a “barrer para casa”. Cuando nos ayuda una tercera persona, es mucho más fácil, pero esto es lo que se hace en las relaciones personales, intentando comprender al otro: saber cuáles son sus necesidades y ver cuál es su idioma. Se trataría de conocer al otro en la medida de lo posible y teniendo en cuenta que el otro nunca va a cubrir todas tus necesidades emocionales. ¡Y menos mal! ¡Qué responsabilidad! Igual parece poco romántico, pero tenemos que asumirlo y no pasa nada. Menos mal que la otra persona no cubre todas mis necesidades, porque entonces sería el sentido de mi vida y ¡qué dependencia más absoluta! Ahora, sí que puedes cubrir parte de mis necesidades y yo las tuyas y esto es lo que genera nuestro vínculo.

  • Con respecto al autocuidado, ¿Crees que una PAS tiene más necesidad de autocuidado? ¿Crees que tienen más dificultad para decir qué es lo que necesitan? ¿Cómo podríamos ayudarlas si fuera el caso?

Sí y no. Para empezar, hay que entender qué es el autocuidado, pues parece que es ir una vez a la semana al fisio. Esto es estupendo, peor no es. El autocuidado tiene que ver con tratarse bien a uno mismo: me permito equivocarme, me perdono, asumo mis limitaciones, sé autoexigirme (sé cuando exigirme 10 y cuándo exigirme 1), tenerme en cuenta, tratarme con respeto.

Sí que necesitan más autocuidado, pues necesitan ser muy delicados con ellos mismos para no herirse y para poder conocerse lo suficiente y saber cómo tratarse para vivir sin romperse. Al final, viven todo de una manera tan intensa, que necesitan ser muy delicados. Necesitan tener mucho autocuidado (como cualquier persona) pero, ojo, corren el riesgo de ensimismarse: “mi sensibilidad”, “mis heridas”, “mis necesidades” … Salir de uno mismo a todos nos viene bien, pero más aún cuando veo que tengo una tendencia a estar tan pendiente de mí, porque como todo me afecta tanto y lo vivo de una forma tan intensa (lo bueno y lo malo), si me descuido, he quedado con no sé quién y no he parado de hablar de mí. O, pensando en lo mal que me sentó esto que me dijo esta persona o estoy padeciendo por la reunión que tengo la semana que viene y ojalá no haga el ridículo porque me muero y me imagino que me van a despedir…

Esta tendencia a ensimismarse es tendencia al egocentrismo (y no de manera moral). Estar tan pendiente de uno mismo al final te cansa. Tenemos que salir y ventilarnos. Me acuerdo de una chica que me dijo una vez: “Es que estoy harta de mí misma” Y es tal cual. Otra me dijo: “Esta semana he estado súper pendiente de mi hermana porque ha tenido un problema y he estado súper bien, porque no he pensado en mí”. Tener un estilo de vida que implique salir de uno mismo, ayudar y entregarnos es súper terapéutico.

  • Hilando esto… ¿Crees que las Personas Altamente Sensibles son más autocríticas?

Sí, porque se evalúan muchísimo. Son sus peores jueces. Se pueden generar mucho daño y pueden tener más tendencia a la culpa. Y son jueces de sí mismos y de los demás. Es muy fácil instalarse en una mirada muy crítica y esto también les agota, pues están constantemente juzgando hacia dentro y hacia fuera. La exigencia tiene una doble dirección. Están constantemente con el pensamiento de lo que el otro debería haber hecho y no ha hecho y lo que yo debería haber hecho y no he hecho. Por eso, merece la pena ajustar expectativas y levantar la mano, no desde la resignación ni desde la laxitud, pero hay que saber que “te vas a pasar de frenada en exigencia”. Permítete ser un poco más laxa. Hay personas que necesitan todo lo contrario y exigirse y comprometerse más con uno mismo y con los demás.

  • ¿Qué crees que se podría hacer desde el punto de vista educativo para atender a esta diversidad?

Sin duda, creo que se está haciendo, pero que todavía queda mucho camino por hacer. Toda esta parte de educación emocional y en positivo creo que es muy necesaria y que la compro al 200%, pero hay que tener en cuenta que no sólo en que hay que validar emociones, tener cariño, que expresen cómo se sienten, que no hay emociones buenas y malas…

Yo recuerdo que cuando estaba en el colegio había unas pegatinas de estar contento o no y sólo te ponían pegatina cuando estabas contento. Esto ahora es impensable. Afortunadamente, todo esto ha cambiado y esta educación en positivo hace fenomenal todo esto que hemos comentado, pero no nos olvidemos de los límites, de ese orden que los niños necesitan para sentirse seguros, decirles que no, inculcarles la responsabilidad afectiva… Porque si no, estaremos en un péndulo y pasaremos del autoritarismo al individualismo, que no nos hace nada felices tampoco. La educación en positivo abarca las dos cosas, pero como que la parte de los límites ha quedado un poco desdibujada.

Esto lo estamos viendo mucho ahora: niños capaces de hablar muy bien de sí mismos, para decir su opinión… pero luego son niños muy inseguros o con muy poca autoestima… ¿en qué hemos fallado? Pues en que se les ha permitido todo: llora todo lo que te de la gana, haz lo que te de la gana, decide lo que te de la gana… ¡No! Llora, opina, siente… pero luego hay que pedir disculpas si te has pasado de la raya, atender a esta tarea, atender al funcionamiento familiar… lo que sea… Esto es lo que yo creo que falta un poquito hoy en día: conjugar los límites y el cariño. Esto es lo que el sistema educativo tiene que tener en cuenta y se irá haciendo poco a poco.

  • ¿Qué dificulta que una persona pueda tomar decisiones? ¿Por qué les cuesta especialmente a las PAS?

Sí, creo que pueden tener más dificultad, porque pueden tomar decisiones muy influenciadas por sus estados emocionales. Como se dice, “en época de tormenta, no hagas mudanza”. “Deja que se baje el Souffle”. Van a ganar mucho siempre siendo prudentes. No dejar lugar a la intuición, en estos casos, si tienes un nivel emocional tan cambiante. Ya no sabes si va a ser algo verdaderamente intuitivo o va a estar influenciado por tus estados emocionales. Date tregua. Madura esa situación para hacerla verdaderamente tuya. Aún así, como a veces son personas con muchos miedos, también el miedo a equivocarse está presente. Toma tú la decisión. Es más importante que tú la tomes y seas la dueña de tu vida a dejar de tomar decisiones por miedo a equivocarte. Más vale a que te equivoques a que no decidas. Espera. Reafírmate las veces que haga falta y luego decide. Sé prudente, pero lánzate.

  • ¿Crees que las PAS tienden a sufrir más?

Sí, claro que sí. Me gustaría que no fuera así, pero así es. Y, aun así, no creo que sea peor. También, se empapan más de las cosas agradables y bien enfocado, pueden tener una capacidad brutal para valorar lo que tienen a su alrededor. Simplemente, quedar para tomar una cerveza con alguien que quieren les puede saber a cielo. Porque son conscientes. Tienen como Spiderman, los sentidos dilatados y son conscientes de lo afortunados que son, de la conversación tan agradable, la compañía… cualquier cosa.

Sí que sufren más, pero si lo educan, son capaces de vivir lo agradable de una forma más potente. De disfrutar, de ser mucho más agradecidos, de valorar de las pequeñas cosas, de no necesitar grandes planes para ilusionarse… De ser muy disfrutonas. Son personas, que bien educadas, pueden ser mucho más disfrutonas. Ya que tienen esa capacidad al 200%, hay que sacar la parte buena de esto.

  1. ¿Te gustaría añadir o comentar algo de lo que no hayamos hablado?

Ya ha ido saliendo a lo largo de la entrevista. Simplemente, hacer hincapié (ya que soy firme creyente de esto): Las personas con tendencia PAS no suelen estar en paz consigo mismas, siempre tienen el “¿Por qué soy así?” y es normal, lo entiendo, porque pueden sufrir mucho. Pero si se enfoca muy bien esta forma de ser, puedes tener unas relaciones personales de mucha calidad, disfrutar muchísimo, puedes vivir con una profundidad muy grande, si eres una persona creyente puedes vivir con un nivel de introspección grande y no vivir como un autómata y mirar más allá, empapándote de las cosas que tienes a tu alrededor. No renegar de esta alta sensibilidad que puede ser tu peor enemigo a veces, pero a la vez un gran aliado. Yo soy así. ¡Qué bien! Porque voy a vivir todo lo que pueda. Puedes sacar lo peor o lo mejor de tu forma de vivir.

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